
Entrenar el ejercicio del contacto.
Redescubrir las limitaciones, las máscaras que utilizamos para ocultarnos.
La nariz dice la verdad. Y las mentiras son incluso parte de sus verdades. Y cuando la risa aparece no estamos más que asintiendo que finalmente hemos atravesado nuestras diferencias para llegar a ese lugar que nos une, que nos hace parte de un todo más grande que nosotros mismos.